miércoles, 17 de septiembre de 2008

VIAJE A ESTAMBUL, marzo del 2008

Era la primera vez que me costó tanto convencer a Ismael para ir de viaje… su pensamiento conservador, su espíritu ahorrativo, le hacía rechazar la oferta … pero cayó, al final la tentación le pudo y nos fuimos a nuestro primer viaje con toque árabe; y qué mejor que empezar por un lugar donde se mezcla lo occidental con lo oriental, donde termina Europa y empieza Asia: Estambul.
Como siempre, reservamos el hotel y el avión por libre. Nos encanta descubrir las ciudades a base de patear, curiosear, etc., así que al bajar del avión buscamos el metro (que está en los sótanos del edificio que hay nada más salir de la terminal de Atatürk, enfrente). Allí, compramos un jeton, el billete del metro (1.30 liras), que es como una moneda cualquiera pero sin más valor que el de permitirte subir al metro o al tranvía, con lo cual empezamos a tener que separar monedas de jetons…qué lio jajaja. Lo mejor es comprar varios porque así te evitas las colas en los puestos. Los tornos para pasar a los andenes son bastante estrechos, con lo que te pegas un poco con las maletas para entrar y salir en ellos. En metro llegamos a la estación de Zeyrtinburu para hacer transbordo al tranvía. La segunda risa del día nos la echamos al observar que lo habíamos cogido en dirección contraria (nos habían echo to el lío, pues en el mismo andén pero en diferentes partes se cogen tranvías diferentes). Al final, llegamos bien a Yeniceriler Caddesi, a Beyazit, donde estaba nuestro hotel (el Barceló Saray, bastante majo, modernillo, bien comunicado, en pleno centro histórico…), aunque el google maps nos la jugó y andamos un rato tb en dirección contraria hasta que dimos con él.
La tercera risa del día fue provocada porque me cargué la ducha, pero bueno, nos pusieron una alcahofa nueva enseguida jeje. Ya anocheciendo (allí anochece antes) sobre las 19:00 salimos a llevarnos nuestra primera impresión de esta ciudad. Observamos que la entrada principal del Gran Bazar (Kapaliçarsi) estaba justo enfrente del hotel, junto a una de sus millones de mezquitas, la puerta de la universidad, etc. Bajando la calle hacia la punta del Cuerno de Oro vimos la entrada de los Hamman Çemberlitas, uno de los más famosos (pero que no pudimos probar). Vimos enseguida que toda la ciudad es un comercio perpetuo. Mogollón de tiendas, de restaurantes, etc., y todos sus dueños a las puertas para ofrecerte (o convencerte) de lo que tienen. Nos resistimos aún, y llegamos al Hipódromo con sus dos obeliscos, junto a la impresionante Mezquita Azul. Hacía un frío de narices, pero eso no nos impidió hincharnos a fotos nocturnas de la misma. Pasamos por delante de Santa Sofía, imponente, justo enfrente de la Mezquita Azul, y vimos la entrada a la Basílica Cisterna (al lado de Santa Sofía) y el Palacio Topkapi (justo detrás). Ya con cansancio y hambre volvimos a recorrer la calle del hotel en sentido subida, no sin antes llenar la panza con un durum de cordero que un turco macizo con mucha labia nos ofreció. Ya nos dimos cuenta de que no era tan fácil saber lo que es un durum, un döner, una pida, tavuk, etc., y al final nos conformamos con algo que tuviese cordero (y sabe a cordero!).
Continuando por la calle Yeniceriler pasamos por delante de una de las teterías con más encanto de la ciudad. Se entraba por un pasillito antiguo lleno de alfombras, telas de colores, etc por las paredes, y se llegaba a un patio donde estaban todos los bancos y asientos alrededor de una antigua fuente donde se encontraba a la gente fumando la pipa de agua (nargile) y tomando el típico té de manzana. Encantador. Fuimos casi todas las noches a disfrutar del ambiente y del té.

A la mañana siguiente, después de disfrutar (como cerdos jajaja) del delicioso desayuno buffet ante una terraza acristalada con vistas a la mezquita de Beyazit, nos pusimos a andar calle abajo con el fin de entrar en la Mezquita Azul, Santa Sofía, el Palacio Topkapi, la Basílica Cisterna, etc. Pudimos entrar en todo, aunque en lo único dónde no se pagaban las 10 liras de rigor era en la Mezquita Azul. Santa Sofía por fuera parece sobria, sencilla… pero su interior es impresionante, alucinante, me encantó, y estuvimos haciéndole cientos de fotos. La Basílica Cisterna (Yerebatan Sarayi) es un lugar especial, parece mentira que la leyenda de que los turcos pescaban en sus sótanos fuera cierta, ya lo creo que lo es, menudos pescaos!!, y menudo espacio todo lleno de columnas por debajo del suelo!. Del Palacio Topkapi me encantó el Harén y sus vistas al Bósforo y al Cuerno de Oro. El tesoro es bonito, pero es el típico tesoro real, así que no impresiona tanto. Pasamos todo el día recorriendo toda la ciudad antigua, llegando incluso a la Mezquita de Solimán el Magnífico (Suleymaniye Camii). Fue una pena que por dentro estuviera en obras y no viésemos nada. Volvimos a bajar hasta el puerto Eminönu, recorriendo por fuera el bazar Egipcio o de las Especias (que estaba cerrado por ser domingo). Cruzamos el puente Gálata, vimos a los pescadores haciendo su labor, nos quitamos de encima como pudimos a los limpiadores de zapatos (llevábamos deportivas y aún así se ponían muuuu pesados), y subimos por unos rampones que ni el Tourmalet hasta la calle Istiklal (la Gran Vía turca). Seguimos subiendo observando el ajetreo comercial y los edificios de los consulados, nos encontramos con una boda turca (qué jaleo montan!), y llegamos hasta la plaza Taksim. Cenamos un par de durum, volvimos a recorrer Istiklal Caddesi y llegamos a la Torre Gálata anocheciendo. Subimos (pagando como no las 10 liras jajaja), y alucinamos con las vistas de la ciudad antigua con todas sus mezquitas y palacios iluminados, del Cuerno de Oro, del Mar de Mármara y del Bósforo. Los ferry seguían cruzando sin parar de una orilla a otra, incluso había trasatlánticos descansando en los puertos. Es una imagen que no olvidaré nunca, precioso.
Regresamos (andando como no) hasta el Puerto Eminönu, entramos en la impresionante Yeni Camii o Mezquita Nueva, cuyo exterior e interior es alucinante, y regresamos al hotel, no sin antes andar un poquito más. Llegamos a la tetería reventados, disfrutamos del ambiente otro rato, y caimos rendidos en la cama; qué merecido descanso!, si es que nos dan un par de piernas y calles y no paramos de andar en todo el día hasta las 11 de la noche.
El lunes aprovechamos para ir de Bazares, qué chulada, qué mogollón de todo, qué colores, olores… qué bonito!. Hicimos algunas compras, y bajamos al Bazar de las Especias junto a Eminönu. Allí investigamos un poco los autobuses porque queríamos ir a la Iglesia Bizantina de San Salvador de Chora (Kariye Camii). Nos costó dar con el bus que nos dejaría cerca porque no se reflejan las líneas ni los recorridos por ningún sitio, aunque preguntando se llega a Roma, y estos turcos hablan inglés o lo que sea jajaja; eso sí, el tío que vendía los tickets nos vendió un boleto de 5 viajes que no necesitábamos, pero bueno. Llegamos a la iglesia de Chora dando un rodeo y previo pago de 10 liras, como no. Sólo nos quedaba esperar que el viaje mereciera la pena. Parecía pequeña y no muy impresionante por fuera, pero por su interior resulta imprescindible, menos mal que fuimos, qué preciosidad!. Para regresar andamos hasta la Mezquita de Fatih, y de allí bajamos unas cuantas calles más en busca del tranvía que nos llevaría de regreso al hotel. Estábamos molidos, cómo nos pasamos andando jolín jajaja.
Comimos en un restaurante con vistas a la Mezquita de Beyacit y al Gran Bazar, y cogimos el tranvía hasta Eminönu para coger el ferry hasta Harem, en la costa de Asia. Para el ferry compramos unos akbil (monedita-ticket de los barcos) y cruzamos disfrutando de bonitas vistas. Ya en Asia recorrimos la costa hasta Üskudar y vuelta, disfrutando de la puesta de Sol, aunque no fue tan impresionante como esperábamos porque el cielo seguía muuuyy nublado, pero bueno, al menos no llovió ningún día, nos conformamos con el frío jeje. Desde Üskudar se puede observar del Palacio Dölmabache y las mezquitas de la costa del barrio de Pera o Beyoglu, como se llama ahora. A este palacio no entramos porque ya la hora no nos lo permitía, pero comentan que es de estilo barroco bizantino, y de entrada cara. Tampoco nos quedamos con las ganas, las vistas desde la otra orilla son chulas. Ya de noche regresamos desde Harem hasta Eminönu, y volvimos al hotel caminando unas rampitas más (mi culo me lo agradecerá, pero mis rodillas y lumbares me están matando jajaja).
La mañana del martes la dedicamos a hacer las últimas compras, a recorrer un poquito más la ciudad vieja, y a terminar de alucinar con la ciudad y sus gentes. Estambul es una ciudad que no para, para nada, sorprendente, nerviosa, comercial al máximo. Hay miles y miles de tiendas, pequeñas pero unas junto a otras, dentro unas de otras, encima, debajo… una bestialidad. Cada calle tiene una temática, hay una llena de mercerías, otra de librerías, una avenida llena de tiendas de vestidos de novia…. Es alucinante, de verdad. Aunque se levanten las calles con obras, aunque se de cemento en el camino de los tranvías, la gente sigue pasando, comprando entre taladradoras, excavadoras… los obreros mueven carretillas esquivando al tranvía… merece mucho la pena, y aunque ya es muy turística, se sigue apreciando su estilo y su vida habitual. Las caras de los turcos quizá nos atemorizan a veces, tenemos muchos prejuicios, pero he comprobado que son amables, que ayudan al extranjero, que intentan entender y hacerse entender, etc. Merece la pena darse cuenta de ello viviéndolo en nuestras propias carnes.


LA MEZQUITA AZUL

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SANTA SOFÍA

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LA BASÍLICA CISTERNA (YEREBATAN)

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EL PALACIO TOPKAPI

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SOLIMÁN EL MAGNÍFICO DESDE EL PUENTE GÁLATA Y LOS PESCADORES
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DESDE LA COSTA ASIÁTICA

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DESDE EL PUENTE GÁLATA
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ALGUNA DE LOS BAZARES
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1 comentario:

Noe dijo...

Me gusta tu blog, pasará por aqui mas a menudo.

Saludos