lunes, 20 de agosto de 2012

Senderismo por los Lagos de Ayous. Pirineo francés. 21 julio 2012.


Hace bastante que no cuelgo nada, y me da pena, pero es lo que tiene el estrés del día a día, no me dan las horas para mantener esto actualizado, pero creo que las escapadas de fin de semana que últimamente estamos haciendo merecen una mención especial.

Este año a mi pesar, porque me hacía mucha falta desconectar, nos quedamos sin vacaciones… pero no hay mal que por bien no venga, sobre todo si es por motivos laborales, así que vencemos la pereza y planeamos alguna que otra escapada al Pirineo… que tampoco es moco de pavo jeje.

Días antes vamos echando un ojo a la meteo… y nos tememos que nos vamos a mojar. Esto nos desanima un poco, pero tenemos tantas ganas de salir de casa que optamos por hacernos 6h de coche y correr el riesgo.

Viernes… preparo mochila, bastones, botas, algo de comida, y en cuanto Ismael sale de currar ponemos rumbo al Portalet. El valle de Tena nos llama, y mucho. Plan: patear la ruta de los Lagos de Ayous, en Pirineo francés, y de paso acampar a medio camino en uno de los lagos paradisiacos que hemos visto en algunas fotos. Como llegaremos tarde, dormiremos en el GPicasso en el aparcamiento del lago de Bious-Artigues, donde tendremos sitio de sobra.

Al caer la tarde llegamos a Formigal, aún nos queda un poquito más. Pasar el Portalet para mi se convierte en un martirio… me pone muy nerviosa. No se ve nada, hay una niebla que no deja ver a 3 metros, y encima hay mogollón de vacas en medio de la carretera que nos dan algún que otro susto. Ya en Francia, pasando la Presa de Artouste y la estación de esquí, cerca del pueblo de Gabas, buscamos una salida a izquierdas donde comienza la pista forestal que nos adentrará en el Parque Nacional de los Pirineos Atlánticos, hacia Bious-Artigues. Encontramos la pista, que tiene una barrera y está señalizada, justo enfrente de una curva cerrada a derechas que hace la carretera.

Ya anocheciendo comenzamos a subir la pista entre la niebla, a 8 graditos. Pasamos un primer parking donde ya hay algunos acampados junto a los coches, pero seguimos un poco más arriba buscando el último parking, que está junto a un enorme lago que no vemos por las condiciones metereológicas. Esto me deprime un poco, no se ve un carallo,  y ésta es una ruta con vistas jolín!!!.

Tumbamos asientos y convertimos el picachu en nuestra tienda de campaña particular por el día de hoy. En el parking hay bastantes furgos y coches que pretenden hacer lo mismo que nosotros, y es que el parking es pequeño y la ruta muy frecuentada por lo visto.

Cenamos con los frontales y poco después nos vamos a dormir, andamos cansados, hace frío y algo desanimados. A ver qué tal amanece mañana… pensamos. Yo apenas duermo, no fui capaz de encontrar la postura correcta a pesar de que el coche se queda completamente plano…. Yo y mis problemas posturales para dormir… no cambiaré.

Nos despertamos pronto, y la cosa sigue más o menos igual, hay poca visibilidad, aunque el lago se deja entreveer. Mientras desayunamos decidimos qué hacer… y optamos por hacer la ruta en el día sin acampar por el camino… que no nos apetece pasar penurias por el tiempo allá arriba por muy interesante que sea ver anochecer y amanecer en el Lac Gentau.



Fotos de Iogrea Yo sin mochila e Isma con una ligera con lo imprescindible nos ponemos en marcha. Seguimos la pista en busca de la bifurcación del bosque y enseguida nos adentramos en él siguiendo a derechas todo el rato. El camino sube y sube, buenas rampas entre un bosque espectacular, quisiera decir un hayedo, pero no lo tengo claro, y tampoco me fijé mucho, la cuestión es que es precioso. Fotos de Iogrea Fotos de Iogrea Salimos del bosque y seguimos ascendiendo por lomas y bordeando lagos, cascadas, etc. Es una ruta para hacer tranquilamente y disfrutar, además, apenas encontramos gente, yo creo que por el tiempo que ha salido.
Fotos de Iogrea Fotos de Iogrea Fotos de Iogrea Fotos de Iogrea Muy pronto, o eso nos parece, divisamos el refugio del Gentau junto al lago. La postal desde allí es muy bonita, y lo sería más si la niebla nos dejara ver el resto del valle y el espectacular Midi d´Osseau. Fotos de Iogrea Fotos de Iogrea Hacemos un kitkat tomando el sol, pues aunque sigue nublado, no hace frío y estamos en un buen claro.
Fotos de Iogrea Pronto continuamos bordeando lagos hasta que divisamos la bajada por el valle. Nos ponemos los gore porque el viento es fresquito y allá vamos. Fotos de Iogrea Mientras tanto, la niebla se va disipando parcialmente, y el Midi va dejándose ver tímidamente. El desnivel de bajada es importante, y mis rótulas a ratos se quejan, pero voy bien, mucho mejor de lo que esperaba, y es que los pateos no suelen sentarles muy bien a mis rodillas. Fotos de Iogrea Fotos de Iogrea Esta segunda parte de la ruta es más larga que la primera, y al final vamos por la pista de regreso al solete, pasando algo de calor incluso.
Fotos de Iogrea Fotos de Iogrea Fotos de Iogrea A pesar de habernos tomado la ruta con tranquilidad, haber hecho mil fotos, haber picoteado mirando el paisaje, etc., a las 15:30 más o menos estamos en el coche de nuevo. Las nubes se vuelven a cerrar bastante sobre cielo francés, así que toca decidir qué hacer. 

Lo mejor es pasarse al lado español, donde sabemos que hay mil rutas y seguramente mejor tiempo. Miramos por internet algún alojamiento en Formigal y…. bingo! Por 59 euros tenemos habitación con  vistas y desayuno buffet en el hotel-spa Aragón Hills, que ya conocemos de haber venido a esquiar en invierno. Nos vamos a dar un pequeño homenaje, que apetece descansar, ducharse tranquilamente y hacer un poco el vago.

Llegamos a Formigal con solecito, aunque hace mucho viento. Entramos en información para pedir info de rutas para hacer el domingo, y al salir vemos a un niño riquísimo… yo diría que es Itziar con Mario!!, y así es jeje. Casualidades de la vida una llamadita a Óscar Potx nos confirma que parte de la Vieja Tronca navarra anda en Formigal ya que Abarcando está guiando a un grupo de gaditanos. ¡Qué bien! Tenemos ganas de verlos!, que llevamos una rachita que no coincidimos por circunstancias varias…

Nos instalamos en el hotelazo, y una buena ducha y algo de siesta nos deja estupendos, qué privilegio! Jeje, y yo sin haberme traido ni el cepillo del pelo jajaja.
Por la tarde nos comunicamos con la grupeta navarra que se dispone a bajar a Sallent a tomar algo, y nos apuntamos gustosamente a acompañarlos. Acabamos cenando 17 en una pizzería que …uhmmmm, todo riquísimo!. Coincide que la grupeta guiputxi también anda por Formigal, así que por fin conocemos en persona a Mikel y Ohiana tras varios “encuentros virtuales” jeje. Un placer.

Con la barriga llena ya estoy que me caigo de sueño, así que pronto nos vamos cada mochuelo a su olivo, y hasta mañana que será otro día.

domingo, 19 de agosto de 2012

Budapest-Madrid. Fin.


He dormido como un bebé, pero con la pena de saber que las vacaciones pronto llegan a su fin.
Recogemos nuestros bártulos, preparamos nuestras bicis y nos despedimos del amable personal del hotel. Como mulos salimos a las calles sobre nuestras bicis cargadas con los rollos del plástico de bolas y el film tamaño industrial. Aún nos quedan algunas horas hasta que tengamos que dirigirnos hacia el aeropuerto.

Sólo nos ha quedado por ver la Isla Margarita, un lugar ideal para recorrer en bici porque tampoco tiene nada del otro mundo. Es un jardín con fuentes dentro de una isla cerca del puente que lleva el mismo nombre y que separa por así decirlo la ciudad antigua de la nueva, Buda y Pest.
Rodamos un poco a lo tonto, pero como nos damos cuenta de que no hay mucho más que hacer decidimos ir en busca de los billetes del tren hacia el aeropuerto.

Regresamos a la estación de Nyugati , y compramos los billetes en una de las máquinas. Hay mogollón de trenes que parecen ir al aeropuerto, así que recorremos los andenes en busca del primero que salga. Para variar, son trenes antiquísimos y altísimos, así que un poco difícilmente conseguimos subir las dos bicis cargadas hasta los topes al vagón., corriendo como no, porque quedaban unos segundos para que saliera.

Afinando el oído y nuestra intuición averiguamos cuál era la parada del aeropuerto, así que corriendo de nuevo nos bajamos y nos encontramos en el andén contrario. Para cruzar las vías y llegar a la terminal cogemos un ascensor de uno en uno.

La terminal de los vuelos low cost es pequeñísima, pero cuando llegamos apenas hay gente. Tenemos dos o tres horas para desmontar nuestro equipaje y las bicis para poder embalarlas correctamente, vamos bien de tiempo, aunque la verdad es que no hay muchas ganas de ponerse a ello jeje, y es que es un poco rollo.

Ocupamos el final de la terminal y nos expandimos a medida que sacamos ruedas, sillines, transportines, pedales, etc. Ismael ya tiene medio dominado el arte de hacer paquetitos con las bicicletas, así que protegemos las partes nobles de nuestras compañeras de viaje para intentar que no sufran daños en el vuelo gracias al plástico de burbujas. Para terminar, hacemos dos croquetas con el film transparente del rollo tamaño diplodocus que nos hacen sudar de lo lindo y quedan estupendamente.

Quedando poco tiempo para facturar nos damos cuenta de que la miniterminal se ha petado de gente, y unas colas de facturación se mezclan con otras. Cruzar la sala para ir al baño es toda una gymkana, pero al final conseguimos hasta quedar aseaditos y todo jeje. Metemos las alforjas y la tienda en una bolsa de basura industrial de las duras y le damos vueltas al rollo del plástico y a la cinta de embalar, y nuestra maleta facturable queda lista, ahora sólo queda que no nos pongan ningún problema para facturar las bicis o el bultaco…

Finalmente vemos como todo pasa por las cintas transportadoras camino de nuestro avión. Y en breve llegamos a casa. ¡Qué buen sabor de boca!¡Otra aventura más y mejor que la del año pasado!.

Budapest día 2

Amanece... y llueve. La temperatura es buena, pero nos obliga a salir con los goretexes y el paraguas. No sé por qué extraño motivo Ismael ha decidido traerse el que más pesaba...sería que no tenía suficiente con lo que ya llevaba en las alforjas... ahora que caigo, es el paraguas que tuvimos que comprar en nuestra anterior parte del Danubio el año pasado!

Hoy tenemos reserva para ver el Parlamento por dentro. Lo reservé por internet escribiendo a una dirección de correo, que la verdad no recuerdo, pero que encontré en un post del foro de losviajeros y en la misma web del Parlamento Húngaro.
Anotación: si no lo reservas así puedes estar esperando una cola horas y encima no conseguir hora o conseguirla para dentro de meses.

Desayunamos tranquilamente que tenemos tiempo suficiente. Ya en la calle, mi maltrecha pierna me obliga a quedarme comprando los billetes de transporte de 24h que vamos a coger hoy para evitarme mucha caminata, pues pretendemos recorrer la otra parte de la ciudad, Buda. Mientras, Ismael va a una tienda de bicis cercana a ver si tiene suerte y le dan dos cajas, pero allí las tiendas son muy pequeñas y ni siquiera se las dejan allí los distribuidores, sino en los almacenes de las afueras de la ciudad.

Preguntamos en la ferretería que vimos ayer, y entendernos se convierte en algo muy divertido, porque allí nadie tiene ni idea de inglés y menos de castellano. Al menos ponen su empeño y acabamos comunicándonos con los dependientes suficientemente en indio jeje. Tienen plástico de bolas y un enorme rollo de film de envolver de esos industriales, así que mañana podremos empaquetar las bicis!!, un alivio la verdad, porque ya pensábamos que iba a ser algo muy complicado.

Tras dejar las cosas en el hotel nos dirigimos al Parlamento. A pesar de que tenemos reserva, los guardias nos ponen en una cola junto con otros extranjeros. Posteriormente, nos dejan pasar a uno de los dos para recoger las entradas, y es que por ser ciudadanos de la UE nos sale gratis. Me toca darme una buena carrera para no empaparme, pues el perímetro de seguidas está a unos 300m de la puerta de entrada a las taquillas.

Finalmente nos distribuyen por idiomas, y entramos con el grupo de guía en castellano. Las primeras salas son espectaculares. Al parecer, el edificio es simétrico en sus dos alas, habitación por habitación, así que nos enseñarán una mientras que en la otra el gobierno trabaja.
Me sorprende que la cúpula por dentro no tiene la misma altura que por fuera, es mucho más baja.

El hemiciclo es una pasada, todo dorado. Tiene algunos detalles que sorprenden, como el apoyapuros del pasillo, y es que en la época en la que se podía fumar, cada diputado tenía asignado un número para dejar allí su tabaco mientras estaban en la sala.

La visita es más bien rápida, pero nos deja buen sabor de boca por haber podido conocer ese precioso edificio por dentro. No todos los que visitan Budapest consiguen verlo.

Photobucket Photobucket Photobucket Al salir buscamos el metro que nos lleva al intercambiador principal de la ciudad vieja, Buda. Una vez allí, buscamos el tranvía que nos suba hasta el Bastión de los Pescadores y el Palacio Real... pero nos acabamos dando cuenta de que no es un tranvía sino un minibús el que recorre esas empedradas y empinadas callejuelas.

Para disfrutar de las vistas a Pest desde el Bastión no es necesario pagar la entrada. Si lo recorres un poco por fuera hacia la izquierda hay una parte donde hay un restaurante y una pequeña cafetería por donde puedes entrar libremente.

Photobucket Photobucket Photobucket Photobucket Tras las fotos de rigor entramos, esta vez pagando, a la Iglesia de Matías. Sorprende su bonito interior todo pintado sin azulejos ni ornamentación. Creo que el pago de la entrada merece la pena.

Photobucket Salimos y avanzamos hacia el Palacio y los Museos. Ya hay hambre, así que compramos un par de suculentos bollos rumanos en un puesto callejero, eran como de pan con sabores, pero nos calman un poco el hambre.
Nos fotografiamos con una bonita fuente y observamos las colinas que nos quedan al lado, entre ellas la Gellert, famosa porque es donde se encuentra el otro balneario famoso y porque tiene un bonito mirador.

Desde allí se puede bajar andando, en funicular o volver al minibús. Nosotros optamos de nuevo por éste pues paró justo junto a nosotros. Teníamos cada vez más hambre y queríamos llegar a la zona de los restaurantes de la Vaci Utca cuanto antes.
Photobucket Nos habían dado las mil, y estábamos cansados. Llenamos la barriga y decidimos ir al hotel a tomarnos una merecida siesta, ya se nota con creces el cansancio acumulado de todo el viaje, pues sólo descansamos en Viena.

A última hora de la tarde salimos a dar nuestro paseo hasta el centro, y buscamos un restaurante chulo para cenar. También por recomendaciones de los foreros de losviajeros nos metimos en el "Fatal", un restaurante típico que estaba en un sotanillo. Pese a lo que se pueda pensar con este nombre, el fatal es el típico plato de madera redondo y giratorio sobre el que ponen la comida los húngaros.
Le echamos un vistazo a la carta y nos dejamos llevar por el nombre una vez más, elegimos el plato Fatal... y alucinamos con él.

Imagináos nuestras caras cuando vemos aparecer al camarero con una enorme bandeja redonda de madera con un plato de cinco pisos encima. Que recuerde, llevaba una cama de arroz blanco, lombarda y patatas fritas, alrededor champiñones rebozados,filetes de pollo y encima cuatro pechugas de pollo empanado en forma de pirámide. Para coronar, una enorme salchicha con unas banderitas de Hungría!! jajaja. Menudo festín nos dimos... porque sobró muy poquito!.

Photobucket Lo gracioso es que comer en Hungría es muy barato y es rico, pero en el restaurante descubrimos casi a las 12 de la noche que no admitían el pago con tarjetas... upps, pues no nos quedan florines!!!. Total, que Isma se quedó de rehén mientras que yo buscaba un cajero... que estaba a tomar...
Finalmente lo pude rescatar, aunque ya pretendían que se pusiera a fregar platos jajaja.

Para bajar la cena nos quedaba un bonito paseo nocturno por las orillas del Danubio. Pasamos por delante del Mercado, atravesamos el Puente de Elisabeth (Sisí) y llegamos al edificio del balneario Gellert. Photobucket Photobucket Desde allí, recorrimos toda la orilla de Buda mientras hacíamos nuestras ansiadas fotos nocturnas. Definitivamente, es una ciudad mucho más bonita y romántica de noche.
Photobucket Photobucket Lo malo es que a esas horas nos iba a costar regresar al hotel... estábamos en la otra punta de la ciudad y los transportes públicos estaban acabando su turno. Debido a obras tuvimos que llegar a toda prisa hasta el puente de Isla Margarita para poder coger el último tranvía a Nyugati, menos mal! porque si no nos tocaban unos 4Km más, y ya llevábamos en las piernas unos cuantos y mi maltrecha pierna amenazaba con decir hasta aquí, qué dolores!.

Ya en la cama, pensaba que mañana tendría que regresar a casa... qué pena!!!

miércoles, 1 de agosto de 2012

27 Julio 2011: Budapest día 1


Amanece en el Hotel Metro, que da miedo por fuera pero por dentro está bastante bien. Una vez más, booking no nos defrauda: Hotel Metro La habitación es grande, baño limpio, los recepcionistas muy amables, y el desayuno… normal, nada del otro mundo pero suficiente, eso sí, el salón es muy pequeñito, cuatro o cinco mesas. El edificio por fuera es como una fábrica de fachada sucia; el hotel empieza en la tercera planta. Tiene una puerta de entrada al edificio que sólo se abre desde dentro y un hall vigilado las 24h con cámaras de seguridad. Allí dejamos las bicis, atadas y vigiladas sin problemas.

 
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Los dos últimos días del viaje los dedicaremos a patear la ciudad, que ciertamente merece una visita, eso sí, se ve de sobra en dos o tres días. El hotel está cerca del Parlamento y de la zona turística, muy céntrico, así que a darle a las zapatillas toca. En mi caso con algún que otro problema, porque debido a las ampollas que me habían salido en los dedos del pie dcho empecé a apoyar mal y acabé al cabo de unas horas con una dolorosa tendinitis en el Aquiles que me duraría lo suyo además de no dejarme apenas caminar. Cierto es que por el ansia de turistear íbamos caminando a todas partes y compliqué la lesión bastante, pero bueno. Visitamos la grandiosa Basílica de San Esteban, la Sinagoga (menuda clavada y trato frío recibimos por cierto, bonita es, pero nos gustó más la de Praga), la calle Vaci (repleta de tiendas y restaurantes), la ribera del Danubio hasta el Parlamento, etc. Comimos mirando el río hacia la ciudad de Buda, y a lo tonto tonto seguimos caminando hasta que nos encontramos en el hotel. Era la hora de una siestita…. Uhmmm qué gusto descansar un rato jeje… ya llevábamos 8Km pateados sólo en unas horillas mañaneras… acabaríamos con 18 jeje.


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Por la tarde íbamos a ir a uno de los famosos baños termales de la ciudad, dudábamos entre los Gellert (recordáis la piscina con columnas del anuncio de Danone????) y los Szechenyi (http://www.szechenyibath.com/), de estilo neobarroco. Finalmente nos decidimos por éstos últimos, ya que estaban en otra zona turística, al final de la Avda Andrassy (que teníamos que recorrer por ser una de las más antiguas de Europa y estar conservada más o menos respetando los edificios antiguos), y en medio del Parque de la Ciudad, atravesando la Plaza de los Héroes, muy bonita por cierto.


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Cojeando cojeando llegamos a la zona prevista, joer qué dolor llevo!. La Avda Andrassy es chula, ves bonitos edificios a ambos lados de la calle (unos más sucios y viejos que otros, museos, embajadas…), a algunos moteros haciendo carreritas (imagináos la Castellana con carreras de motos)… A ambos lados de la Plaza de los Héroes hay dos edificios muy parecidos, simulando templos griegos, son museos.

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El Parque de la Ciudad es muy bonito, un rinconcito muy agradable con un castillo y un lago con parejas navegando en barquitas.

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Finalmente llegamos a los baños. Enormes. Compramos la entrada y nos separamos para ir a los diferentes vestuarios. Nos encontramos poco después. Recorrimos las diferentes piscinas termales, a destacar la gran batidora, con corriente y donde la gente da vueltas al perímetro todo el rato. En algunas piscinas huele “desagradable” debido al azufre y otros compuestos que se concentran en ellas.

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Luego estuvimos un buen rato en las exteriores. En la caliente el agua estaba hirviendo, repleta de gente, incluso algunos húngaros jugando al ajedrez dentro del agua. Es curioso, un balneario de verdad. En algunas zonas hay algo de batidora también (qué mareoooo). En la piscina fría a las mujeres y a aquellos con pelo largo nos obligan a llevar gorro de natación, así que como no llevo no puedo probarla, pero Isma hace lo propio por mi y se pega unos larguitos. Entre los chorros y las aguas termales calentitas llevo un pedo que no veas, jeje. Qué bien voy a dormir esta nocheeeee.

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Tras pasar dos relajadas horas regresamos al hotel, con el fin de ducharnos, descansar otro poco y salir a cenar. De camino divisamos un par de ferreterías cerca de la estación de tren en cuyos escaparates encontramos plástico de bolas para envolver las bicis en el aeropuerto. Menos mal, porque en todo el día que nos habíamos estado fijando no habíamos visto ni cartones ni otros plásticos ni otras ferreterías donde buscar. Mientras tanto, las recepcionistas del hotel se pusieron en contacto con una tienda de bicis que no quedaba muy lejos con el fin de buscarnos un par de cajas… pero fue imposible encontrarlas, son tiendas muy pequeñas y las tienen todas en almacenes de las afueras de la ciudad. Leyendo en foros de viajes encontré un restaurante temático medieval que recomendaban mucho, el Sir Lancelot (http://sirlancelot.hu). Está en la calle Podmaniczky 19, muy cerquita del hotel, así que genial, pasaríamos un buen rato… y así fué. Comimos fenomenal y barato, nos reímos mucho con las actuaciones, y con los borregos que estaban celebrando una despedida de soltero o algo en el mismo salón donde estábamos nosotros jeje. Un sitio recomendable la verdad, aunque eso sí, turístico.

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Poco más tarde ya estábamos en el sobre, qué buen día hemos pasado!

domingo, 11 de diciembre de 2011

26 Julio 2011: De Viena a Bratislava, 70Km… y llegada milagrosa a Budapest


Una vez más el día amaneció gris. Desayunamos pronto y nos pusimos en marcha. Abandonamos definitivamente Viena aprovechando las primeras horas de la mañana para visitar el parque donde se encuentra la estatua del Beethoven dorado, al que por cierto le habían cambiado de sitio por reformas. Ello dio pie a alguna foto divertida jeje.

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Salimos de Viena atravesando el Pratter y viendo su noria; es una mezcla muy antigua entre el Retiro o Casa de Campo, verde por todos lados. Es un pulmón donde la gente hace ejercicio e incluso se pasean a lomos de caballos.
Haciendo uso del GPS llegamos al puente que cruzaba el Danubio, y desde donde puedes poner rumbo a Bratislava por cualquiera de sus orillas. Nosotros decidimos cruzar el puente y rodar por la izquierda. La extensión de Viena es enooorrrrmeeee, tardamos unos cuantos Km en dejar de ver los alrededores y la zona industrial.

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Hasta Bratislava tomamos “la recta infinita”, una senda elevada que atraviesa un parque natural sin tomar ni una sola curva, en serio, qué cosa más aburridaaa!!!!. La senda está elevada porque el Danubio llega a inundar todo lo de alrededor, y viendo la vegetación y los árboles enormes que había cuesta imaginárselo.

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Rodamos Km y Km reeeeectoooos y aburridos haciendo piques entre nosotros intentando huir de la tormenta que nos venía amenazando todo el rato… y claro, con la senda elevada y ningún sitio donde resguardarnos, nos calamos de lo lindo durante un buen rato. Tras parar, con el viento y la velocidad de vértigo que llevamos en esa recta infinita, nos acabamos secando más o menos rápido, y paramos en una mesa y asientos hechos con tocones de madera a un lado del camino a picotear algo.
Ya en las cercanías de Bratislava bordeamos algunos campos de cultivo y divisamos el Castillo y el casco antiguo a lo lejos.

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Entrando a la ciudad empezamos a tomar conciencia de que Eslovaquia no es Austria… la ciudad se nos presenta caótica desde un principio.
Como nuestro plan es aprovechar unas horas para visitar la ciudad antigua y coger un tren a las 19:45h con destino Budapest, dedidimos acercarnos lo primero hasta la estación de tren para comprar los billetes. Éstos sólo se pueden conseguir desde Eslovaquia, no dejan reservar ni nada desde cualquier otro lugar según nos informaron vía email, así que nos la jugábamos un poco en ese sentido ya que sólo podíamos viajar con nuestras bicicletas en ese tren.
Para llegar a la estación de tren tuvimos que subir por una avenida con un tráfico horroroso, donde se mezclan claxones, coches antiguos, motos, y tranvías viejos. Circular por la calzada resulta muy peligroso, así que lo hacemos por la acera cuando podemos. También rodamos por algunas calles empedradas de la zona antigua, que rozamos de refilón.

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Un poco nerviosos, y después de unos 70Km, llegamos a la estación, y toda decidida me voy a comprar los billetes del tren…
Yo: Hello, could you give me two tickets to Budapest?, We travel by bike please.
Eslovaca con cara de pocos amigos: NO.
Yo: No? Why?
Eslovaca con cara de pocos amigos: NO. INFOMATION! (dándome la órden con el dedo apuntando a lo lejos…)
Nos vamos a la oficina de información con cara estupefacta por los modos que se ha traido la tía, y entramos preguntando si alguien habla inglés, porque de las taquilleras ninguna, o no han querido…. Y nadie habla inglés. En el centro de información de la principal estación de tren de la puñetera capital de Eslovaquia nadie habla ni papa de inglés!!!!. Me parece alucinante.
Total, intentamos pedir los billetes con bici a las dos mujeres de información a ver si nos conseguían explicar algo, y a la conclusión a la que llegamos fue que ya estaban todas las plazas para bicicletas ocupadas y por eso no podíamos viajar en el tren directo a Budapest. Sin más solución y con cara estupefacta salimos de la oficina. Nos quedamos en la puerta intentando barajar posibilidades para llegar a Budapest… la opción de coger una multicombinación de trenes regionales la teníamos desestimada porque según habíamos investigado por internet antes de emprender el viaje nos suponía unas 9h de viaje. El autobús es barato, unos 6 euros, pero no nos permite llevar más de un bulto y nos exigen llevar las bicicletas desmontadas y embaladas si es es queda sitio en el maletero del mismo para poder transportarlas… así que también lo desechamos de momento. La única opción que nos quedaba era ir en taxi hasta Budapest, 300Km… lo que suponía encontrar un taxi donde nos entraran las dos bicis (y con los coches de los años 80 que estábamos viendo lo teníamos chungo) y pagar una pasta por ello… una faena vamos. Hacer esos 300Km en bici nos suponía perder la reserva del hotel de Budapest y no ver ésta ciudad, porque podríamos llegar justos para coger el avión de regreso, así que no era una opción discutible.
Discutiendo las posibilidades salió a buscarnos de la oficina una de las mujeres. Por gestos y como los indios nos intentaba explicar un modo de ir a Budapest en tren que se le había ocurrido, tomando trenes regionales donde podíamos llevar las bicis sin problemas. En un trozo de papel nos escribía nombres de pueblos por donde quisimos entender que teníamos que abandonar los trenes. Los nombres eslovacos como cualquier palabra de su alfabeto a nosotros nos resultaba un jeroglífico, imagináos. Total, que según entendimos por gestos, en el segundo pueblo teníamos que bajarnos, rodar no sabíamos cuantos Km en bici en dirección al Danubio, atravesar un puente y entrar por ahí a Hungría, de manera que llegáramos al primer pueblo para coger desde allí el tren que nos dejaría en Budapest.
Esto leyéndolo ahora resulta mu fácil, pero os puedo asegurar que cuando te estás comunicando por gestos y con el lenguaje de los indios, no sabes si has entendido bien o mal, y te planteas coger dos trenes y rodar en bici no sabes cuantos Km más hacia no se sabe donde para coger un último tren a tu destino, la cosa resulta muuuuyyy agobiante. Tanto que yo entré en shock, no podía dejar de temblar y no era capaz de pensar con racionalidad. Lástima que perdiera el papelito al final del viaje, porque era para habéroslo puesto escaneado jeje.
La cosa se complicó cuando nos dimos cuenta de que encima los pueblos donde nos teníamos que bajar en nuestra combinación de trenes, eran paradas intermedias de unas líneas infinitas de las que sólo podíamos ver las paradas de inicio y finales.
Total, hice un segundo intento, en una taquilla diferente a la anterior, de comprar los billetes hasta esos pueblos intermedios… nada, de malos modos me vuelven a decir que NO! Y a indicarme INFORMATION!... pero estos eslovacos son estúpidos o qué???, qué bordes!!! Vaya modos!!!.
Mi estado de ansiedad se agravaba por momentos… menos mal que Ismael controlaba sus nervios!!. Isma tuvo la idea de probar a ver si había wifi en la estación, aunque con unas instalaciones tan antiguas teníamos nuestras serias dudas… pero bingo! Hay internet!!. Gracias a eso y a pasar al menos hora y media investigando lineas de tren conseguimos averiguar qué trenes pasaban por los pueblos a donde necesitábamos ir, y por fin pudimos comprar los billetes. No pudimos ver Bratislava porque tuvimos que partir de inmediato, sólo teníamos dos horarios donde elegir. Ahora quedaba ver cómo resultaba la cosa, que ya de por sí era un nuevo reto.
Enseguida encontramos el primer tren que teníamos que coger, un tren viejo y alto de aquellos larguísimos de época. Buscábamos el vagón de bicis recorriéndonos todo el tren, pero no existía claro. Un chico se asomó a unas de las ventanas del tren y nos soltó varios comentarios en eslovaco riéndose de nosotros… suponemos que el tío pensaba “dónde narices irán éstos extranjeros con las bicis…” El chico se puso a hablar con una revisora que pasaba por el andén y nos indicó que fuéramos al final del tren (o eso le entendimos…). Al llegar al final del tren ya había una bici ocupando la parte final del mismo, pero intentamos aparcar nuestras monturas allí, ante lo cual salió el dueño echando pestes en eslovaco para que no subiéramos en su vagón… otro subnormal, en fin, quiero salir de este país ya!!!!.
Quedando apenas un minuto para la salida del tren optamos por subir a cualquiera de los vagones con bicis y todo. Las acoplamos en la puerta del baño y nos sentamos en una de las cabinas. Eran ya casi las cinco de la tarde cuando sacamos el embutido en el medio del vagón jeje.
El tren hacía millones de paradas, la mayoría de las veces en pequeñas estaciones e incluso apeaderos donde no se veía el cartel del pueblo. Cuando se iban acercando las paradas, eran anunciadas en eslovaco por la megafonía del tren, pero entre que se movía como un garbanzo en la boca de un viejo, que sonaba a chatarra como una feria, y que no entendíamos ni papa por esa megafonía de caca, no sabíamos dónde estábamos. Además, las paradas eran de milisegundos, así que habría que estar atentos.
Menos mal que Ismael sacaba el GPS de vez en cuando para ver el mapa real de por dónde íbamos pasando, si no aún estamos esperando a bajarnos en la parada correcta.
Según la fecha del GPS se acercó a Nôve Zámsky (o algo así), nos preparamos para bajar pitando del tren. Nada más bajar, nos vienen de frente dos policías hablando a voces hacia nosotros… “¿y ahora qué hemos hecho?”; como podemos les entendemos que nos están preguntando que hacia dónde vamos, les pregunto si hablan inglés y dicen que nanai, así que poca ayuda vamos a tener pienso yo… como los indios una vez más les decimos que buscamos el tren a Storovo (o algo así… jeje), y nos indican el andén del intercicy que va a Budapest (y donde no podemos viajar con las bicis como nos pasaba en Bratislava). Yo sin querer sigo hablando en inglés…. Y resulta que de vz en cuando el policía más joven me habla en ingles!!! Pero será capullo!! Si me dijo que no sabía!!.
Al final nos indican el andén del regional que va a Storovo, pero para llegar a él nos tocaba pechada de escaleras con todo al hombro una vez más, bajar a comprobar el andén correcto y volver a subir al mismo. Los polis siguen hablando entre ellos en eslovaco, y entendemos que el viejo le pregunta al joven si nos permiten cruzar las vías para no tener que pegarnos la paliza de escaleras con todo a cuestas… pero el cabrón del poli joven se niega mientras se ríe, y queremos entender que incluso dice “que se jodan” jajaja, ya estamos de malas y nerviosos, y entendemos todo mal sí jeje.
Una vez comprobado el andén correcto, trepamos mogollón de escaleras con toda la carga hasta llegar al tren. Arriba nos encontramos con un revisor viejete y gordo, al que le preguntamos por el tren a Storovo y nos indica que estamos en el sitio correcto señalando el tren que está parado justo enfrente de él…. Entonces… flipamos, el viejo tren consta de máquina y un vagón jajajaa, ¿pero a dónde vamos a ir a parar? Jajaja.
Isma sube al vagón su bici y su carga, mientras yo… lo intento, pero estos trenes son altísimos y llevamos peso, así que casi me caigo para atrás!. Encima el revisor le dice a Ismael que me ayude!!! … y yo me parto, el tío mirando sin hacer por ayudarme y encima échandole la bronca al pobre del Ismaelito jajaja.
Al fin nos sentamos, y pasamos unos cuantos Km en el lentísimo tren de los años pum… vamos, que le faltaba ser de vapor jajaja, de traca.

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Ahora sí que sólo para en apeaderos en medio de descampados… se pierden los andenes y las marquesinas… ya sólo se ven un par de raíles en medio de la hierba jajaja. De nuevo tenemos que hacer uso del GPS para saber cuándo nos acercamos a Storovo, pero de momento tenemos pilas y la cosa nos ha funcionado. Abandonamos el tren en la parada correcta, y… tardamos un poquito en averiguar qué dirección seguir ahora… hacia el pueblo y el puente que cruza el Danubio hacia Hungría!!!. No sabemos cuántos Km tenemos hasta el pueblo, pero una vez encontrados y rodando unos 6 Km llegamos sin problemas al mismo por una carretera comarcal. Atravesamos el pueblo por su calle central, y seguidamente encontramos al final del mismo el famoso puente del Danubio!!. Es un puente enorme señalado como frontera entre Eslovaquia y Hungría, y mientras lo atravesamos vemos al fondo y en lo alto de una colina una enorme construcción religiosa, con una cúpula gigantesca. Es la Basílica de Esztergom, donde se bautizó el primer rey de Hungría. El Papa la ha visitado recientemente. La verdad es que impresiona tal construcción en medio de esos pueblicos.
Parece que de momento las indicaciones que nos dió la mujer de información nos están llevando a donde queremos, así que sólo nos queda encontrar la estación de tren de este primer pueblo húngaro y comprar los billetes hasta Budapest.

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Para variar, la estación está alejada del centro del pueblo. Entonces nos damos cuenta de que no llevamos dinero cambiado… ni un florín aún, pues pretendíamos cambiar directamente en Budapest al llegar… así que esperemos que se pueda pagar con VISA porque si no…
Esta vez tenemos suerte y podemos comprar los billetes sin problemas. La mujer de la taquilla alucina un poco al vernos, pero hace por entender a Ismael y nos los vende indicándonos la hora a la que pasa y todo, qué gusto que te quieran ayudar por fin!!.
Isma se queda con las ganas de subir la colina para ver más de cerca la Basílica y el casco antiguo, pero yo es que ya sólo puedo pensar en subirme a ese último tren y ver como llego a Budapest sin más dificultades. Aún estoy temblando de lo nerviosa que llevo todo el día, y el cansancio me empieza a pasar factura.
Descansamos un poco sentados en el andén, y pronto vemos que viene un tren nuevecito con su espacio para bicis y donde entendemos lo que dicen por megafonía! Lo traducen incluso a inglés!. Parece que Esztergom es un pueblo importante sí!.
Unas horas más tarde y ya de noche, llegamos a la estación de tren de Budapest Nyugati. Nuestro tren debe estar justo enfrente de la misma… y así era, pero para poder cruzar la gran avenida tuvimos que poner las luces y dar una vuelta de unos dos Km aún. Las calles que no son grandes avenidas están a oscuras, y cuando vemos el edificio del hotel no sabemos si salir corriendo jeje. Menos mal que ya habíamos leído por internet que el aspecto externo del edificio no tiene nada que ver con el interior y la calidad del hotel. Parecía una vieja fábrica con fachadas grises y sucias, y del hotel sólo se veía la puerta con la indicación del mismo, que era el acceso a un hall vigilado con cámara.
La recepción del hotel está en la tercera planta, así que pasados unos minutos Ismael baja ya con la llave de la habitación todo contento. Nos indican que dejemos las bicicletas en el hall, que lo vigilan las 24h con la cámara y no hay problema, pues son ellos mismos los que abren la puerta del hotel.
Subimos… y la habitación está fenomenal, es bastante grande, con todo muy limpio y wifi! Jeje. Por fin dejo de temblar, y estoy agotada, menudo día de aventuras. Ya es tarde y todo es muy oscuro por las calles, así que bajamos a buscar algún sitio para tomar algo pensando en regresar enseguida, darnos una buena ducha y dormir como niños pequeños. En un principio pensábamos que lo más fácil sería volver a la estación, donde habíamos visto algún burguerking. Para cruzar la avenida teníamos que hacer uso de los pasos subterráneos, donde encontramos otros burguerking, tiendas, etc. Cenamos pronto y barato, y regresamos al hotel como teníamos pensado. Mañana sería otro día… ya de relax en nuestra última ciudad a visitar, Budapest, donde pasaríamos dos días.